Los Agentes del Olvido

Posted on

Links mencionados en este podcast:
mylio.com Linda Henkel Brian Resnik Roland Barthes
Presentación: Claudia Tenorio.Música: Sunday by TrackTribe

Hannover.El reflejo en al agua me lleva de regreso a ese lugar

Este año 2020 se habrán tomado cerca de 1.4 billones de fotografías (1.4 trillones en inglés). Una multitud de teléfonos inteligentes, cámaras de aficionados, semiprofesionales y profesionales, habrán llenado las líneas de tiempo de todas y cada una de las redes sociales para la fatiga crónica de nuestros ojos.
Algo más de 3,800 millones de fotografías diarias se suben a la nube de internet con la misma facilidad con la que un niño ve sus juguetes.
No importa mucho la pésima calidad de la mayoría de las imágenes, colores inauditos, lentes que distorsionan las fotografías haciendo un mundo de personas con narices ridículamente desproporcionadas, sonrisas ortopédicas, felicidad falseada y encapsulada en la pantalla de un aparato móvil.
Las compañías de teléfonos inteligentes se ufanan de tener cámaras cada vez más “fidedignas”, con varios lentes y una cantidad casi infinita de megapíxeles.

Alguien que no sea profesional, ¿sabe con exactitud que significa la cantidad de megapíxeles, o bien cómo está construido un megapíxel, o cómo trabaja una matriz de pixeles?.
Poco importa, Los Agentes del Olvido llenan sus publicidades con una jerga inteligible, que deja la sospecha que las fotografías se verán más bonitas, pero nada más.
Los Agentes del Olvido son los que se aprovechan de los resultados de numerosos estudios, en los que se muestra que la gente en general toma sus fotografías para poder olvidar (Brian Resnik).
Está demostrado que aquellas personas que se obsesionan con tomar fotografías de ellos mismos, de los platillos que consumen o de los lugares que visitan, están mucho más concentrados en tomar las fotografías que en experimentar la situación en sí (Linda Henkel of Fairfield University).

Si bien, en algunos casos el hecho de tomar fotografías nos concentra más en el objeto que estamos viendo, dejamos de lado todo lo que nos rodea.No escuchamos, no percibimos los olores, no saboreamos, no podemos palpar el aire fresco en nuestros dedos (Giuliana Mazzoni: Our obsession with taking photos is changing how we remember the past).

Y el actor principal de esas fotografías es siempre la vanidad y la banalidad del momento. No queremos recordarlo, queremos que se quede grabado en la tarjeta de memoria de nuestro dispositivo.Uno de los ensayos que hago siempre que alguien me muestra las fotografías de sus últimas vacaciones, es pedirle que me muestre las fotografías de aquellas que tomó hace tres años.En casi en todos los casos la respuesta comienza con un “Sí” rotundo, seguido por un frenético movimiento de sus dedos para dar en su teléfono inteligente con esas imágenes, para terminar con una desolada y triste frase: “Ahora no las encuentro, pero las tengo aquí dentro …”

Los Agentes del Olvido no quieren que se recuerde la emoción de un momento, lo que necesitan es que eso se olvide rápidamente para dar paso a la ansiedad de otra nueva fotografía, otra nueva aplicación, otro nuevo dispositivo. Más grande, con más memoria, con más colores, pero con mucho menos dinero en nuestros bolsillos.

Lucia Montagnino 1968. Su imagen me hace reeconntrame con ella

Como profesional yo utilizo un método diferente.
A excepción de un trabajo fotográfico que requiere planeación, ideas concretas, una meditación exhaustiva de lo que se va a fotografiar, o bien una toma de decisiones en milisegundos a la hora de estar haciendo fotoperiodismo, el encuentro al mirar una fotografía es un momento de reflexión.
¿Logro encontrarme dentro de un paisaje en las montañas, o solo estoy viendo una fotografía de las montañas?.
Tomando como parámetro uno de los mejores libros de fotografía, La Cámara Lúcida de Roland Barthes, puede una fotografía reencontrarme con el sujeto fotografiado? ¿O solo es una interpretación distorsionada del fotógrafo?.

Hoy tenemos cientos de maneras de trabajar sobre una fotografía con las herramientas digitales.
Pero no nos hace mejores fotógrafos, quizás se acerque a recrear el ambiente que sentimos al fotografiar, pero no nos da intrínsecamente la virtud de transmitir los sentimientos de ese momento.
Hay muchos profesionales que logran esa ósmosis de sentimientos en muchas de sus fotografías.
Fuera de ellos, y de los mensajes comerciales en los que la fotografía juega un papel primordial, las redes están llenas de imágenes insulsas, sin sentido, donde solo se revela el despojo de intenciones que pretenden disfrazar la verdad.
La fotografía se ha transformado en uno de los medios con los que la gente se comunica, pero el costo pareciera ser más grande que el beneficio.
Sabemos de nuestros amigos o familiares por las fotos que vemos en su “muro”, nos enteramos de los cambios en la vida de nuestros allegados por imágenes, pero hemos suplantado el regocijo del esbozo de una sonrisa, por una carcajada que nos llega sin sonido, sin alegría alguna.
Hay quienes incluso adquieren equipo extra para desterrarse a sí mismos de un concierto musical, por obtener imágenes “profesionales” de un ejecutante del que se dicen seguidores.
Se comprende el lado comercial, muchos son los ejemplos de profesionales o amateurs que han visto mejorar sus ingresos a partir de una estrategia encaminada a la autopromoción.
Pero no son estas las imágenes que llenan la red.
Los autorretratos (selfies), que tienen sus orígenes desde el principio de la fotografía, llenan las redes tratando desesperadamente de conectar con imágenes que aparecen repentinamente, y dejan el mal gusto de existir bajo sospecha.
Adornadas burdamente con cualquier tipo de artilugio digital, se las destierra de inmediato al mundo oscuro del mal gusto.

Los Agentes del Olvido saben mucho más de inmediatez que de sentimientos duraderos.
Sus dispositivos móviles destruyen las emociones con la misma rapidez que nos venden un nuevo teléfono inteligente.
Atrás quedaron los álbumes de hojas que ya de suyo olían a viejo, pero guardaban el secreto de la remembranza.Me quedo con las fotografías que me llevan a pasear por un barrio perdido de Medio Oriente.

Me quedo siempre, como observador, en la fotografía de mi abuela Lucia sentada frente a mí en la vieja casa donde nací.
En esa imagen me reencuentro con ella, me regresa al aroma trashumante de la pasta fresca cocinada con los recuerdos que renacían en ella, arrastrados desde Italia.

Vivimos ahogándonos en un mar de imágenes intrascendentes. No sería mala idea volver a disfrutar de la brisa del mar, de la rugosa piel de las rocas que bordean los ríos, de la respiración silente de la persona que amamos. Como recuerdo íntimo e irrepetible. Sin el reflejo falso en una pantalla, sin contárselo a nadie, sin que Los Agentes del Olvido nos puedan descubrir.